domingo, 5 de febrero de 2017

   
     A veces, y no teniendo amplios conocimientos sobre antropología, filogénesis o biología, tendemos a asociar la supervivencia de las especies con su fuerza o cualidades físicas favorables independientemente del medio o situación a la que se enfrenten -es decir, animales o especies fuertes por lo general-. Pero ¿sobreviviría un león en la Antártida? ¿Y un oso polar en la sabana africana? No siempre unas características anatómicas de mayor perfección o fuerza determinan la supervivencia de un grupo. A veces es una cuestión determinada por la capacidad de adaptación de dicha especie a una situación concreta o un entorno hostil. 

     Así, se debe diferenciar entre más apto y más fuerte. El término "supervivencia del más apto" no fue, a pesar de la creencia popular, acuñado por Darwin. Sin embargo, en sus teorías evolutivas se reflejaba que aquellas especies que, por cuestiones de desarrollo genético tuvieran unas características determinadas favorables ante cierto tipo de entornos o estímulos, tendrían una probabilidad mucho más alta de sobrevivir frente a otras especies con condiciones anatómicas que no concordasen o no fuesen óptimas para el medio de desarrollo. Sin embargo, esto no quiere decir que la especie no superviviente fuese inferior o menos fuerte, sino menos apta dado el entorno.

    Existen en el mundo animal numerosas especies que, por su aptitud o cualidades fisiológicas determinadas, han conseguido proliferar o sobrevivir, frente a otro tipo de especies que no conocemos o no han llegado hasta nuestros días por no ser capaces de adaptarse a las situaciones desfavorables. 



    En cuanto a la velocidad, los típicos animales herbívoros que sirven como presa a los grandes depredadores han logrado sobrevivir por su rapidez y audacia para huir de aquellos por encima en la cadena alimenticia. Los conejos, liebres y gacelas son ejemplos de este tipo de capacidad de adaptación. Es el caso también, ya en el contexto marítimo, del atún o el bonito.



    También ocurre, no obstante, en el proceso alimenticio contrario. Los animales atacantes, depredadores, son capaces de conseguir sustento gracias a su velocidad y reflejos, que propician su supremacía sobre especies más débiles o lentas. Es el caso del guepardo, el caracol cónico -cuya capacidad de reacción hace que inyecte rápidamente un veneno a sus presas-, los halcones, o las avestruces.




     Hay otros animales que deben su supervivencia a su sentido del olfato. El zorro, verbigracia, depende directamente de su olfato cuando caza, por ser un depredador nocturno. El oso polar también ha sido capaz de superar las situaciones adversas gracias a su olfato.





    Por su capacidad de camuflaje, algunos insectos han sido capaces de pasar desapercibidos ante sus grandes enemigos, siendo el insecto palo el paradigma de este estilo de adaptación, que también han utilizado los camaleones, las polillas camuflándose en el hollín de aquella sociedad industrializada del siglo XIX... 




    Contar con veneno suele ser también una ayuda en la fisiología animal, especialmente en lugares con pocos objetivos a cazar, es decir, lugares con condiciones extremas a nivel meteorológico, entornos hostiles como los desiertos, en los que la serpiente de cascabel o el escorpión, entre otros, son capaces de vivir en unas condiciones en las que otras especies tendrían una muerte asegurada. 





    Si queremos mencionar esta aptitud, podríamos referirnos a especies capacitadas, competentes, válidas, idóneas, adecuadas... aunque es difícil no categorizar mediante el lenguaje a las especies supervivientes como superiores. ¿Es justo o moral esto? En realidad, sabemos que no es una cuestión de superioridad, sino más bien de adaptación a entornos desfavorables. Una especie, por muy fuerte, grande o rápida que sea, puede encontrar su fin si no es capaz de aprovechar sus características biológicas en favor de su supervivencia ante la situación. Es el caso, por ejemplo, de los dinosaurios.

    Pero... teniendo en cuenta todos estos cambios fisiológicos dadas en diversas especies y que han contribuido a su supervivencia... todas las especies deberían partir de un ancestro común, de una misma especie de la que luego fueran desgajándose todos los distintos tipos de seres vivos, con sus características propias. 




    Efectivamente, existe un último antecesor universal común, una bacteria que contaba con 572 genes -un número bastante bajo, pero factible para mantener la vida de una bacteria-, y que se ha denominado LUCA por sus siglas en inglés. De esta primera especie surgirían después las bacterias, que posteriormente originarían otros tipos de seres vivos más complejos y, en última instancia, las plantas, animales y seres vivos que, tras muchos años de procesos evolutivos, conocemos hoy.


FUENTES BIBLIOGRÁFICAS.
http://www.wordreference.com/sinonimos/apto
http://ecoosfera.com/2012/07/top-10-los-animales-mas-veloces-del-mundo/
http://actionbioscience.org/esp/nuevas-fronteras/poolepaper.html
http://www.muyinteresante.es/ciencia/articulo/las-mariposas-oscuras-se-camuflaron-con-el-hollin-de-la-revolucion-industrial
https://historiadivertida.wordpress.com/2009/02/15/anecdotas-de-darwin/
http://actionbioscience.org/esp/nuevas-fronteras/poolepaper.html







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