lunes, 16 de enero de 2017


Desde el principio de los tiempos, el ser humano ha tenido la necesidad de conocer los acontecimientos y factores importantes de nuestros más destacados parámetros espacio-temporales: nuestro pasado, presente y futuro; lo que ocurrió aquí, allí y más allá... Somos curiosos e inquisitivos por saber nuestros orígenes, nuestro destino... Y con el precipitado avance de los tiempos, técnicas y concepciones científicas a lo largo de la Historia, nuestra curiosidad ha ido en aumento.

Por ello nos resulta tan inquietante el hecho de poder saber cómo se genera la vida, empezando por sus muestras perceptibles de menor tamaño. ¿Realmente se originó la vida en nuestro propio planeta? ¿Venimos de bacterias extraterrestres? ¿Se crea espontánea y súbitamente sin precedentes genéticos ni biológicos? Responderemos a todas estas cuestiones.

Bárbaras bacterias.


La panspermia fue una teoría planteada en 1865 por el biólogo alemán Hermann Richter, a su vez tomando el legado del físico sueco Svante Auguste Arrhenius y el filósofo Anaxágoras. La teoría plantea el origen de los elementos químicos que propician el desarrollo de la vida en nuestro planeta se hallan dispersos por todo el Universo y expandiéndose en todas direcciones, y que, en realidad, los primeros seres vivos no se originaron en la Tierra, sino que vinieron de otros cuerpos celestes.


Para refutar sus ideas, se basaron en la existencia de estos elementos químicos en el espacio exterior. Es decir, lo que defiende es que la vida no se originó en la Tierra, sino fuera de la misma, siendo nuestro planeta bombardeado con una serie de asteroides, cuerpos rocosos y satélites que depositaron en nuestra superficie estos elementos y bacterias. Básicamente, plantea el origen de la vida como un proceso de agricultura a gran escala, con semillas bioquímicas bacterianas sembrándose en nuestro planeta.


El principal desafío planteado, y motivo de discrepancias entre los partidarios y contrarios a esta teoría, es la capacidad de resistencia de las bacterias a un viaje de tal calado, en condiciones de aceleración, radiación cósmica, y un largo período de viaje. No obstante, los expertos defienden que sería posible dicha resistencia, puesto que las bacterias son los seres vivos con más capacidad de superación a estas situaciones adversas.

Uno de los argumentos a favor de esta alternativa es la existencia de bacterias fosilizadas encontradas en expediciones a Marte, lo que apoyaría la posibilidad del origen de la vida tal como la conocemos fuera de nuestra atmósfera. Además, se han encontrado moléculas orgánicas en las nebulosas, impactos de meteoritos, características comunes en los seres vivos que vaticinan un origen común, y aminoácidos y moléculas comunes en los meteoritos y ADN.

Como argumento en contra: el hecho de que no hayamos descubierto aún pruebas objetivas de vida extraterrestre y el factor de que la panspermia solo traslada el escenario del origen, no da solución a la misma.



Además, hay dos vertientes. Existe la panspermia dirigida, que defiende la propagación de la vida por el universo mediante bacterias resistentes viajando por cometas, pero también existe la panspermia molecular, que sostiene que son moléculas orgánicas complejas y no bacterias lo que se mueve por el espacio. Al aterrizar, se habrían mezclado con elementos ya existentes en nuestro planeta para iniciar las reacciones químicas oportunas que propiciarían después la aparición de seres vivos.

Según esta teoría, las bacterias o moléculas orgánicas complejas seguirían aún viajando por el espacio, lo cual nos da paso a afirmar que podría haber vida en otros planetas, si se dieran los elementos químicos necesarios para que con esa mezcla, pudieran surgir pequeñas formas de vida.

Las polillas... ¿aparecen por arte de magia?


Pero a lo largo de la Historia de la Ciencia, se han planteado muchas y muy diversas teorías acerca de nuestro origen más primario. Por ejemplo, Francesco Redi planteó un experimento sencillo para comprobar y, en ese caso, negar, la creencia de la aparición súbita de los seres vivos. Lo hizo por medio de los gusanos que surgían en la carne en proceso de descomposición. Para comprobar si estos gusanos salían repentinamente, puso la carne de un animal recién muerto en unos recipientes, algunos de ellos abiertos y otros tapados, y llegó a la conclusión de que las larvas sólo aparecían en los recipientes abiertos, en los que las moscas podían haber entrado para dejar sus huevos. 


El italiano consiguió de este modo abrir el debate entre los que defendían la teoría de la generación espontánea, también llamada abiogénesis y los que creían que la aparición de seres vivos dependía de los precedentes químicos y biológicos.


Además, serviría como precedente para la creación del método científico y de la experimentación como medio para comprobar hipótesis, es decir, fue uno de los padres de la ciencia empírica, experimental, basada en la refutación, entre otros factores. Fue uno de los primeros amantes de la sabiduría que basó sus estudios en una prueba, tanteo o ensayo de situaciones con las que chequear la veracidad de sus suposiciones.


En este vídeo se muestra el experimento de Redi en slow motion, y se puede verificar gráficamente la veracidad de su hipótesis.



Pero ¿qué otros ejemplos para comprobar la falsedad de la abiogénesis podemos encontrar en nuestro día a día? Las polillas. A estos pequeños animales les debemos el olor a naftalina de nuestros cajones y armarios. Aparecen en los mismos y, para proteger nuestra ropa de ellos e intentar ahuyentarlos, ponemos este químico. Sin embargo, ¿aparecerían en un armario o un cajón cerrado herméticamente y en el que no pudieran pasar ninguno de los miembros de dicha especie? 

Por desgracia, no tenemos los medios para cerrar herméticamente un cajón, y menos aún con el riesgo de tener que remitirnos a la naftalina en aquellos no cerrados en los que las polillas pongan sus larvas. Sin embargo, al ser un ejemplo similar al de las moscas, podemos prácticamente dar por hecho la reproducibilidad del anterior y declarar que, por suerte, si somos capaces de aislar bien nuestros cajones o recipientes de comida, no tendremos por qué aguantar a estos tediosos animales.

En definitiva: no sabemos de dónde exactamente surgió la vida, pero estamos seguros de que no apareció espontáneamente y sin precedente químico alguno.

BIBLIOGRAFÍA.


4 comentarios:

  1. Visto el trabajo realizado en una sesión. En la próxima clase tienes que acabar la entrada: bibliografía, título, imágenes, completar la información,....

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    1. De acuerdo. Por cierto, creo que se te ha olvidado corregir la entrada de la evolución, o al menos no se me ha notificado ni me aparece comentario alguno. Gracias.

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    2. De acuerdo. Por cierto, creo que se te ha olvidado corregir la entrada de la evolución, o al menos no se me ha notificado ni me aparece comentario alguno. Gracias.

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  2. Muy bien. No es que aún no había tenido tiempo para corregirla.

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