Una fecha. 24 de agosto de 2006. Un lugar. Praga. Un
acontecimiento. Plutón deja de formar parte de los denominados planetas del
Sistema Solar. Pero ¿por qué y cómo deja de considerarse al hasta entonces
noveno planeta como tal? ¿Cuáles son los factores determinantes? ¿En qué medida
ha ayudado esa votación de la Reunión Internacional de Astronomía para aclarar
conceptos?
Comencemos por el principio. ¿Qué es un planeta? Para
los griegos un planeta era cualquier astro que vagara por el espacio. Como se
creía en la teoría geocéntrica, que defendía la Tierra era el centro del
Universo, la Luna y el Sol se consideraban planetas, mientras que la Tierra no.
Posteriormente y bajo la influencia de la teoría heliocéntrica, se definieron
los planetas como los astros que orbitaban alrededor de nuestra estrella
principal.
De este modo, se consideró la existencia de seis
planetas, a los que después se le añadieron dos más: Urano y Neptuno. No fue
hasta 1846 que Plutón se percibió. Percivall Lowell fue quien se dio cuenta de
otro astro “perturbando” las órbitas de Urano y Neptuno, y su discípulo Tom
Bock fue quien lo nombró como “planeta X”. En el momento, se pensó que era tan
grande como Marte, y por su gran distancia del Sol se le denominó Plutón,
nombre romano del Dios del inframundo o Hades -término griego-, que según la
mitología griega dominaba el mundo de los muertos junto al can Cerbero, el
barquero Caronte… y que había raptado a Prosérpina, hija de Ceres -a la que más
tarde mencionaremos-, para hacer de ella su esposa.
Según los estudios de diversos astrónomos actuales,
no existe tal planeta X puesto que los cálculos fueron inexactos. Plutón, no
obstante, sí existe, aunque no es un planeta. ¿Pero cómo se llega a esa conclusión?
En primer lugar, es bastante pequeño. Se le define como una extraña y solitaria
bola en los confines del Sistema. Además, su luna es demasiado grande en
proporción; y su órbita es demasiado elíptica y excéntrica, lo cual hace que se
aparte demasiado del Sol y luego se acerque también demasiado del Sol.
Pero ¿cómo es realmente Plutón? A 4005 km de la
Tierra y con un diámetro que mide la mitad de la anchura de los Estados Unidos,
un año plutoniano consta de 248 días terrestres, y 1 día plutoniano son 6.4
días en nuestro planeta. 75 kg de peso se transformarían en 5 por el efecto de
su propia gravedad en Plutón, bastante más ligera. Es un lugar desértico y muy
frío, con unos -233 grados centígrados de temperatura, y la luz que llega del
Sol es 1000 veces más débil que la terrestre, con lo cual se equipararía a
nuestra luz de noche.
Su superficie es difusa y tiene manchas blancas y
negras, siendo las primeras hielo formado por ciertos gases, y las otras rocas
sólidas que nos dan pistas de cómo era nuestro entorno y Sistema hace 4,5
millones de años –ya que no hay rocas de tal antigüedad en la Tierra, puesto
que aquí se regeneran-.
Así, la Tierra y su superficie es joven en comparación.
Otra de las diferencias en su superficie es el efecto de la erosión, los
glaciares, los vientos, la lluvia… en general, los fenómenos atmosféricos, que
sí se notan en la Tierra pero no aparecen en Plutón, puesto que el pequeño
astro no tiene una atmósfera propia, sino que cuando su órbita se acerca al
Sol, se crea una temporal, y luego, al alejarse, estos gases se congelan y caen
a su superficie. Los principales accidentes geográficos plutonianos son
cráteres provocados por el choque de asteroides.
Pero, ¿por qué un planeta que había sido considerado
como tal 75 años deja de serlo? Gracias a los estudios y observaciones de Mike
Brown, se encontró un objeto astronómico más grande que Plutón y con su propia
luna. Durante un tiempo, cierto sector lo llamó el décimo planeta. Se le
denominó Eris, como la diosa griega de la discordia. Cambiando de índole, esta
diosa fue quien provocó la guerra de Troya, al no haber sido invitada a las
bodas de Tetis y Peleo. Así, introdujo en la boda una manzana “para la diosa
más bella”, lo cual provocó una gran discusión que, según la mitología, produciría
el conflicto que acabó con la ciudad de Asia Menor.
Este nombre no podía haber sido más propio, ya que
la aparición de Eris creó una gran discordia y un gran conflicto que motivó la
Reunión Internacional de Astronomía de Praga en 2006 para discutir el concepto
de planeta.
Finalmente, y tras una votación, se definió como un
objeto esférico que orbita el Sol y despeja el camino de su órbita. Al estar
rodeado Plutón del cinturón de Kuiper, lleno de astros helados, no puede considerarse
como un planeta según la más reciente definición. No obstante, algunos
astrónomos siguen considerándolo como una cuestión terminológica y no
científica, y se obcecan en meterlo en el saco de los planetas y no en el de
los planetas enanos o plutinos, término propio para Plutón, Eris y Ceres, el
asteroide más grande de nuestro Sistema que recibe el nombre de la madre de
Prosérpina, esposa de Plutón y que pasaba seis meses en el inframundo –invierno
y otoño- y otros seis fuera –primavera y verano, para los cuales su madre
decoraba la tierra con flores y cosechas-. De esta manera tan poética los
griegos explicaban las estaciones –sin ninguna base científica, por supuesto-.
Explicaciones mitológicas aparte, cabe destacar que
el interés científico por Plutón no se ha desvanecido, ya que sigue habiendo
expediciones como la llamada “Nuevos Horizontes”, que buscan desvelar las
incógnitas que aún siguen existiendo acerca del planeta enano.
De este modo, la inquietud ha hecho a los
científicos descubrir los plutinos, los planetas que han encontrado en la
búsqueda del planeta X, que no se ha conseguido localizar, pero cuya presencia
justificaría ciertas anomalías de la órbita de Plutón. Son objetos del Sistema
Solar que tienen la proporción de dos vueltas a su órbita por cada tres de
Neptuno. Se componen de hielo y materiales rocosos, y son cerca del 40% de
objetos más allá de Neptuno –incluido Plutón-.








Hay un error en el dato que das sobre la distancia de Plutón a la Tierra.
ResponderEliminarFaltan referencias bibliográficas. Está bastante bien.