viernes, 23 de diciembre de 2016




 Google Earth… la posibilidad de trasladarse a cualquier lugar imaginable a nivel terrestre, celeste, lunar o marciano a golpe de clic. ¿Cuáles son las ventajas y desventajas del uso de esta herramienta? ¿Cuáles son las diferencias en cuanto a la búsqueda en una opción o en otra? Descubrámoslo en la siguiente entrada.


El Gran Rift africano, la falla de San Andrés o el volcán Sneffels de Islandia son tres de los muchos ejemplos de estructuras terrestres que afectan y se ven afectados por la tectónica de placas ya estudiadas en otra de las actividades de este mismo tema. Es increíble que desde una aplicación de Internet se pueda tener acceso a cualquiera de estas majestuosas estructuras terrestres, que nuestros padres y abuelos solo podrían haber visto en algún documental televisivo y rara vez de no haber sido por la aparición de Internet. Para mí, reside en ese factor una de las grandezas no solo de Internet, sino de esta aplicación, que permite, descargándose tan solo un nuevo sistema ver a golpe de clic estructuras y parajes del Universo y, en este caso concreto, de nuestro planeta.


La búsqueda de objetos en el cielo es algo más complicada, debido en parte a la amplitud del campo que se trata de ver con esta opción. Por eso, cuando se buscan Galaxias, Sistemas o Planetas en esta opción, se requiere una exhaustiva nomenclatura. Cuando se trata de objetos no estelares, es decir, que no son estrellas, algunos de estos cuerpos  aparecen precedidos en su nomenclatura por una M y otros con una NGC. Los nombrados con la M son aquellos catalogados según el criterio del astrónomo francés Messier, y van después seguidos de un número identificativo hasta el 113, el número total de objetos en total que dicha categorización tiene. Posteriormente, en vista de la escasez de esta clasificación, se creó el New Catalogue General, una actualización del anterior que cuenta con más de 8000 objetos no estelares, nombrados con las siglas NGC y un número. Bajo estas dos clasificaciones se pueden observar nebulosas, cúmulos… La Galaxia del Sombrero, la Nebulosa del Caballo y los planetas del Sistema Solar son las tres búsquedas que realicé, siendo la tercera la menos clara e intuitiva por encontrarse estos cuerpos sumidos en un enorme lío de nombres e iniciales de otros cuerpos.




Pasando a la opción de Marte, es curioso lo mucho que hemos avanzado en cuanto a conocimientos de dicho planeta, que ha visto un cierto resurgimiento en su estudio en los últimos años. Quién le iba a decir a Wernher von Braun, escritor de El Proyecto Marte en 1952, primer estudio técnico de un hipotético viaje a Marte, que 64 años después se podrían ver desde un ordenador imágenes del planeta rojo, y navegar como si andando en la superficie de este cuerpo estuviéramos. La idea del alemán era enviar diez naves con una tripulación de setenta personas en cada una de ellas en tres aviones comerciales que aterrizarían en el ya mencionado planeta. Sería curioso haber visto la reacción del ingeniero espacial, fallecido en la década de los 70, de saber que su proyecto se podría legitimar en forma de reality show, Marte 2020, un proyecto televisivo-científico en el cual se emitirá el periplo de una serie de diversas personas en su travesía hacia Marte, además de su vida una vez establecidos allí. 


Tras buscar en la aplicación la sonda Mars Pathfinder, resulta bastante familiar a los ojos de cualquier persona que conozca mínimamente la imagen de la Luna, de color gris y llena de cráteres formados por la oclusión de su superficie por el choque con otros cuerpos.

La luna es otra de las grandes inquietudes que el ser humano ha tenido desde el principio de los tiempos. Los griegos la representaban con la divinidad Selene, nombre que se mantiene aún en la aplicación en el pie de la página, y ha sido siempre y es causa de admiración, inspiración de artistas y objeto de estudio de científicos durante toda nuestra Historia. ¿Cuál sería la reacción de los griegos clásicos, con su calendario luni-solar, si supieran de la posibilidad en la actualidad de viajar allí virtualmente, o incluso físicamente con el trabajo de los astrónomos y sus naves espaciales, que consiguieron pisar la superficie del satélite en 1969? Precisamente estos primeros pasos, a los que muchos se refieren como “un pequeño paso para el hombre, un gran paso para la Humanidad”, han sido objeto de controversia y todavía hay gente que cuestiona que se tratase realmente de pasos en la propia Luna. En cualquier caso, en Google Earth se recoge con una imagen el lugar de alunizaje de aquella nave, el Apolo XI. 


Pero hablemos ahora de la aplicación en sí misma. Una de sus mayores ventajas es la amplia accesibilidad y el hecho de que sea gratuita, lo que permite que cualquiera pueda tener acceso a la cultura astronómica y pueda ver, desde su sofá, los más remotos confines de nuestra galaxia, los planetas de nuestro Sistema… e incluso a nivel terrestre, la aplicación permite viajar a lugares exóticos y conocer los grandes parajes históricos, arquitectónicos o geográficos que han marcado el recorrido de nuestra Humanidad. 

Además, permite realizar un exhaustivo estudio astronómico de nuestro Universo con muy pocos medios y sin salir de casa para aquellos aficionados y curiosos que quieran no sólo saber sobre su medio y su entorno, sino verlo con sus propios ojos.

En cuanto a su utilidad, reduce el elitismo a nivel científico, permitiendo a cualquiera estudiar los cuerpos espaciales y poder plantear teorías sin necesidad de formar parte de una gran empresa de ingeniería espacial.

El principal punto a mejorar a mi parecer, sería lo poco intuitivo que resulta al buscar cuerpos o astros en la función Cielo. En algunos casos, como al buscar los planetas del Sistema Solar, las imágenes son muy poco claras y la gran cantidad de cuerpos conocidos en un mismo lugar hace que sea bastante difícil percibirlos con exactitud, puesto que la pantalla se convierte en un batiburrillo de números y siglas.


Para completar, en cuanto a Marte y a la Luna, la calidaz y la nitidez de su superficie se puede mejorar bastante, aunque en ese caso supongo que es debido a la falta de exploración de alguna de esas zonas, ya que en las bases y lugares de alunizaje y amartizaje del satélite y el planeta tienen una definición mucho mayor en la aplicación, probablemente también por estar actualizadas más recientemente. 

En definitiva, nos queda por estudiar gran parte de nuestro Universo, y aún quedan muchas dudas por disipar incluso cuando se trata de nuestro entorno más cercano, pero poco a poco nos vamos acercando a un conocimiento total de cuanto nos rodea, con la gran suerte de poder difundirlo a nivel mundial a una gran velocidad, motivada por el auge de las nuevas comunicaciones y la revolución que ha supuesto Internet. Es obvio que desde un PC no vamos a cambiar nuestra concepción astronómico-científica del Universo -o quizá sí-, pero sí podemos asistir al avance de la investigación sobre el mismo y colaborar en la medida de lo posible con la difusión y el disfrute de la tecnología y de aplicaciones como Google Earth.

viernes, 9 de diciembre de 2016

Cultura científica y mitología para explicar Plutón.



Una fecha. 24 de agosto de 2006. Un lugar. Praga. Un acontecimiento. Plutón deja de formar parte de los denominados planetas del Sistema Solar. Pero ¿por qué y cómo deja de considerarse al hasta entonces noveno planeta como tal? ¿Cuáles son los factores determinantes? ¿En qué medida ha ayudado esa votación de la Reunión Internacional de Astronomía para aclarar conceptos?





Comencemos por el principio. ¿Qué es un planeta? Para los griegos un planeta era cualquier astro que vagara por el espacio. Como se creía en la teoría geocéntrica, que defendía la Tierra era el centro del Universo, la Luna y el Sol se consideraban planetas, mientras que la Tierra no. Posteriormente y bajo la influencia de la teoría heliocéntrica, se definieron los planetas como los astros que orbitaban alrededor de nuestra estrella principal.

  

De este modo, se consideró la existencia de seis planetas, a los que después se le añadieron dos más: Urano y Neptuno. No fue hasta 1846 que Plutón se percibió. Percivall Lowell fue quien se dio cuenta de otro astro “perturbando” las órbitas de Urano y Neptuno, y su discípulo Tom Bock fue quien lo nombró como “planeta X”. En el momento, se pensó que era tan grande como Marte, y por su gran distancia del Sol se le denominó Plutón, nombre romano del Dios del inframundo o Hades -término griego-, que según la mitología griega dominaba el mundo de los muertos junto al can Cerbero, el barquero Caronte… y que había raptado a Prosérpina, hija de Ceres -a la que más tarde mencionaremos-, para hacer de ella su esposa.


Según los estudios de diversos astrónomos actuales, no existe tal planeta X puesto que los cálculos fueron inexactos. Plutón, no obstante, sí existe, aunque no es un planeta. ¿Pero cómo se llega a esa conclusión? En primer lugar, es bastante pequeño. Se le define como una extraña y solitaria bola en los confines del Sistema. Además, su luna es demasiado grande en proporción; y su órbita es demasiado elíptica y excéntrica, lo cual hace que se aparte demasiado del Sol y luego se acerque también demasiado del Sol. 


Pero ¿cómo es realmente Plutón? A 4005 km de la Tierra y con un diámetro que mide la mitad de la anchura de los Estados Unidos, un año plutoniano consta de 248 días terrestres, y 1 día plutoniano son 6.4 días en nuestro planeta. 75 kg de peso se transformarían en 5 por el efecto de su propia gravedad en Plutón, bastante más ligera. Es un lugar desértico y muy frío, con unos -233 grados centígrados de temperatura, y la luz que llega del Sol es 1000 veces más débil que la terrestre, con lo cual se equipararía a nuestra luz de noche.

Su superficie es difusa y tiene manchas blancas y negras, siendo las primeras hielo formado por ciertos gases, y las otras rocas sólidas que nos dan pistas de cómo era nuestro entorno y Sistema hace 4,5 millones de años –ya que no hay rocas de tal antigüedad en la Tierra, puesto que aquí se regeneran-. 
 
Así, la Tierra y su superficie es joven en comparación. Otra de las diferencias en su superficie es el efecto de la erosión, los glaciares, los vientos, la lluvia… en general, los fenómenos atmosféricos, que sí se notan en la Tierra pero no aparecen en Plutón, puesto que el pequeño astro no tiene una atmósfera propia, sino que cuando su órbita se acerca al Sol, se crea una temporal, y luego, al alejarse, estos gases se congelan y caen a su superficie. Los principales accidentes geográficos plutonianos son cráteres provocados por el choque de asteroides.


Pero, ¿por qué un planeta que había sido considerado como tal 75 años deja de serlo? Gracias a los estudios y observaciones de Mike Brown, se encontró un objeto astronómico más grande que Plutón y con su propia luna. Durante un tiempo, cierto sector lo llamó el décimo planeta. Se le denominó Eris, como la diosa griega de la discordia. Cambiando de índole, esta diosa fue quien provocó la guerra de Troya, al no haber sido invitada a las bodas de Tetis y Peleo. Así, introdujo en la boda una manzana “para la diosa más bella”, lo cual provocó una gran discusión que, según la mitología, produciría el conflicto que acabó con la ciudad de Asia Menor.


Este nombre no podía haber sido más propio, ya que la aparición de Eris creó una gran discordia y un gran conflicto que motivó la Reunión Internacional de Astronomía de Praga en 2006 para discutir el concepto de planeta.



Finalmente, y tras una votación, se definió como un objeto esférico que orbita el Sol y despeja el camino de su órbita. Al estar rodeado Plutón del cinturón de Kuiper, lleno de astros helados, no puede considerarse como un planeta según la más reciente definición. No obstante, algunos astrónomos siguen considerándolo como una cuestión terminológica y no científica, y se obcecan en meterlo en el saco de los planetas y no en el de los planetas enanos o plutinos, término propio para Plutón, Eris y Ceres, el asteroide más grande de nuestro Sistema que recibe el nombre de la madre de Prosérpina, esposa de Plutón y que pasaba seis meses en el inframundo –invierno y otoño- y otros seis fuera –primavera y verano, para los cuales su madre decoraba la tierra con flores y cosechas-. De esta manera tan poética los griegos explicaban las estaciones –sin ninguna base científica, por supuesto-.



Explicaciones mitológicas aparte, cabe destacar que el interés científico por Plutón no se ha desvanecido, ya que sigue habiendo expediciones como la llamada “Nuevos Horizontes”, que buscan desvelar las incógnitas que aún siguen existiendo acerca del planeta enano. 

De este modo, la inquietud ha hecho a los científicos descubrir los plutinos, los planetas que han encontrado en la búsqueda del planeta X, que no se ha conseguido localizar, pero cuya presencia justificaría ciertas anomalías de la órbita de Plutón. Son objetos del Sistema Solar que tienen la proporción de dos vueltas a su órbita por cada tres de Neptuno. Se componen de hielo y materiales rocosos, y son cerca del 40% de objetos más allá de Neptuno –incluido Plutón-.